lunes, 27 de marzo de 2017

El cómic se expande como herramienta periodística

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El fotorreportero es abandonado por sus guías bajo la nieve. Se queda a solas con su caballo. No pueden detenerse porque se congelarían. Durante cinco páginas las siluetas de ambos se van oscureciendo hasta ser dos manchas negras sobre fondo gris, acompañadas por unas palabras de despedida. “Cojo el veinte milímetros, un gran angular, para poder encuadrar desde el suelo”, leemos. “Que sepan dónde he muerto”. Una fotografía en blanco y negro del caballo. Y otra más. Y una tercera. Como un adiós en tres tiempos. Y, después, una instantánea en doble página de ese paisaje desolado y tormentoso: la última mirada.
Ese es el momento más escalofriante de El fotógrafo (Astiberri), la obra de referencia de Guibert, Lefèvre y Lemercier, a partir de la experiencia real de Didier Lefèvre en el Afganistán de los años 80. Un libro que, a principios de este siglo, demostró que es posible la hibridación armoniosa de dibujo, texto y fotografía, en el seno del lenguaje de la novela gráfica. Y que el periodismo en viñetas no tenía por qué seguir solamente el modelo que durante los años 90 había formalizado Joe Sacco en sus reportajes balcánicos y volcánicos.

Cuando Carlos Spottorno y Guillermo Abril se plantearon convertir una selección de las 15000 fotografías del primero y de los cuadernos de notas del segundo en un cómic fotográfico, tomaron el testigo de los artistas franceses. El resultado es La Grieta (Astiberri, 2016), un libro importante. Reconstruye un itinerario intermitente de visitas a los lugares más significativos de la Europa de los refugiados: desde la fortaleza que llamamos Melilla hasta la Finlandia del Círculo Polar Ártico, pasando por Grecia, el Mar Mediterráneo, los Balcanes y varias zonas fronterizas con Rusia.
El relato fluye. Las imágenes son excelentes. Con clara voluntad divulgativa, los autores no se detienen en ningún personaje, ni elaboran a fondo las metáforas más fuertes (el muro, el ajedrez, las grietas de la Unión Europea), ni acentúan –en fin– los elementos más literarios. Aunque utilicen procedimientos presentes en obras clásicas de la novela gráfica de no ficción, como El fotógrafo o Cuadernos rusos (Salamandra) de Igort; y trabajen a partir de las fotografías como hizo Antonio Altarriba en Detectives con los cuadros del pintor Landazábal; no veo en La Grieta ninguna voluntad de pertenecer a tradiciones artísticas. Se trata de simplificar y conmover. De acercar al gran público una realidad muy preocupante. De pura comunicación: periodismo puro.
Mientras que la no ficción en viñetas de carácter autobiográfico insiste en las formas fijadas por maestros como Robert Crumb, Art Spiegelman, David B. o Alison Bechdel, y deviene a menudo bestseller (de Persépolis, de Marjane Satrapi, a El árabe del futuro, de Riad Sattouf), la de voluntad periodística no está determinada por nadie, ni siquiera por la maestría del gran Sacco. Es más rara. Se resiste al mainstream.
Después de labrarse un gran prestigio como autor cómico, que cuenta sus viajes en primera persona aunando inteligencia y parodia, Guy Delisle ha publicado Escapar. Historia de un rehén (Astiberri), que es su obra más extensa (428 páginas) y en la que él no aparece. Aunque el drama de Christophe André, secuestrado mientras trabajaba para una ONG en el Cáucaso, sea brutal, el relato se vuelve monótono en su claustrofobia. Pero eso es menos relevante que el riesgo.
n riesgo equiparable al que ha asumido Sarah Glidden en Rolling Blackouts. Dispatches from Turkey, Siria and Irak (que publicará el mes de viene Salamandra en español), al actuar como testimonio del viaje de dos periodistas amigos por una de las zonas más calientes del planeta, y dibujarlos en acuarela mientras discuten teórica y éticamente sobre el oficio. O al riesgo de Zerocalcare en Kobane Calling (Reservoir Books), donde la crónica de viaje por el mismo territorio convierte a personajes reales en animales grotescos e irónicos.
O al que asumió en su día la revista italiana Internazionale, que publicó en portada un adelanto de ese trabajo de Zerocalcare; y al que ha asumido el medio digital peruano Ojo Público, al narrar con dibujo, texto y animación interactiva las guerras por el agua que está siendo arrebatada a los agricultores. Un proyecto que se inscribe en un marco mayor: el del periodismo en viñetas iberoamericano, en franca expansión, apuesta de futuro.
En un mundo que ha normalizado el consumo cotidiano de imagen con texto, de texto con imagen, los autores de cómic se arriesgan en el ámbito del periodismo y los medios de comunicación hacen lo propio en el de la historieta. Esa doble exploración hace que el lenguaje evolucione. De eso se trata.

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Recrearon la historia de la recuperación del mural de Siqueiros

CULTURA
Fuente: TELAM

Por Mora Cordeu
La historia de la recuperación del mural "Ejercicio plástico" de David Alfaro Siqueiros (1896-1974) fue recreada minuciosamente anoche en la Sala de Arte Público que lleva el nombre del famoso muralista con una presentación fotográfica y una mesa redonda integrada por especialistas y funcionarios argentinos y mexicanos.
La tarea binacional realizada por ambos países, para rescatar del abandono y el olvido la obra que permaneció por 17 años abandonada en cuatro contenedores, fue analizada anoche de manera exhaustiva, aunque un clima de emoción y de camaradería prevaleció sobre la cantidad de datos aportados en la charla.
"Es una gran alegría que todos conozcan lo que se ha hecho a partir de esa decisión política tan fuerte entre dos países de recuperar la cultura y en este caso un mural maravilloso. Nuestra presidenta Cristina Fernández de Kirchner cuando vino aquí como senadora asumió el compromiso de restaurar la obra", resumió la embajadora argentina en México, Patricia Vaca Narvaja.
"Cumplió su promesa con creces -subrayó- y también porque México nos ha acompañado y no podía ser de otra manera; nuestros pueblos históricamente han tenido lazos sociales políticos y culturales".
Ante un público que desbordó la capacidad del salón de conferencias, la directora de Asuntos Culturales de la Cancillería, Magdalena Faillace, y el ex agregado cultural de la embajada de México en la Argentina, Miguel Díaz Reinoso -uno de los promotores iniciales del rescate-, fueron los que plantearon desde la perspectiva de cada país el proceso de recupero que finalizó en diciembre último.
Con la visita del presidente mexicano, Felipe Calderón, quedó inaugurado el mural, detrás de la Casa Rosada, en la vieja Aduana Taylor.
De la mesa redonda también participaron Gabriela Gil, directora del Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble del INVA y Cecilia Jaber Breceda que ocupa en la cancillería mexicana el mismo cargo que Faillace.
"Siqueiros nos convoca a los reencuentros, vinimos a compartir hallazgos y avatares en la búsqueda del mural, búsqueda llena de intenciones, pero también de decepciones", apuntó Díaz Reinoso, uno de los tantos que pensó en una leyenda cuando le hablaron por primera vez de esta obra.
"Cuando nos enteramos que había un complejo litigio legal dijimos el mural si existe. A principios del 2000 por notas de prensa se fue integrando un nuevo expediente para documentar su existencia y actualizar la información", recordó.
Más adelante, Faillace se remontó a la tarea comenzada en 2003 cuando fue nombrada subscretaria de Cultura y "el tema del mural se había convertido en una obsesión".
"Lo fui a ver al entonces presidente Néstor Kirchner y le dije que aunque no supiéramos el estado en que estaba había que declararlo patrimonio histórico cultural de la Nación y en noviembre de ese año salió el decreto y el mural comenzó así una etapa judicial protegido por la ley 12665, de nuestro patrimonio".
Poco a poco, continuó Díaz Reinoso, el mural fue recobrando una imagen de lo que significaba, "era como armar un rompecabezas".
¿Qué era ese mural de leyenda, en el que se mezclaban historias de amores y pasiones y muchas rarezas para la historia del muralismo como lo conocíamos hasta ese momento?, inquirió.
"Siqueiros en 1933 en el sótano de la residencia de campo de Natalio Botana, director del diario Crítica, se concentró no en motivos revolucionarios, sino en el análisis de los problemas visuales y de la relación del arte con la tecnología -explicó-.
Diseñó una nueva forma de percepción más ligada al cine, creó una obra con pocos antecedentes".
Lo había realizado con otros artistas en una obra colectiva, toda una novedad y nombró a Berni, Spilimbergo y a Castagnino.
"Este último volvió a ver el mural para limpiarlo y años después fue el principal orador en la conferencia por la libertad de Siqueiros, sentenciado en México a ocho años de prisión".
"A México llegaron las noticias en 2009 de la expropiación, símbolo del bicentenario de la independencia. Hace apenas un mes tuve la oportunidad de estar en Buenos Aires y fui a ver el mural: verlo es una experiencia absolutamente recomendable: están los colores y la textura, la entrada tal cual estaba en la finca, se respira el ambiente propiciado por Siqueiros", describió Díaz Reinoso.
Una caja de cristal, "en la que el muralista plasmó figuras que parecen flotar en el interior del muro, más que en su propia superficie".
El mural, analizó Díaz Reinoso se convirtió en una lucha por el patrimonio artístico pero también en un bien simbólico: mexicano, argentino y latinoamericano. Hoy la Argentina nos devuelve la oportunidad de ver el mural vivo, recuperado, como nuestro patrimonio compartido".
"Esto se debe a periodistas, investigadores, diplomáticos, gestores, pero especialmente se debe, sin duda, a Cristina Kirchner. Me parece que es elemental este reconocimiento", manifestó.
"Cristina asumió la tarea del rescate como una cruzada binacional", remató ante los aplausos del público.

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