domingo, 12 de mayo de 2013

La rebelión de los lápices



Por Jorge Zavaleta Alegre , Perú.-
La Biblioteca Nacional del Perú ha publicado La rebelión de los lápices , un catálogo del siglo XIX en caricaturas, resultado de una acuciosa investigación de Ramón Mujica, actual director de esta institución fundada en 1821 por José de San Martín, definiéndola como «una de las obras emprendidas que prometen más ventajas a la causa americana».
El libro aborda un tópico poco estudiado por la comunidad académica peruana y resulta medular para rastrear la transformación la cultura visual en su tránsito del Virreinato a la República. La Rebelión de los lápices , cuenta con la colaboración de Ricardo Kusunoki y es dedicada al destacado politólogo Sinesio López, profesor universitario de Ramón Mujica y antecesor en la dirección de la BNP.
La investigación es una cronología en cuatro capítulos, de 1818 a 1900. Se conocen pocas estampas satíricas tempranas de los próceres de la Emancipación. Estas circularon clandestinamente entre Buenos Aires, Lima y Santiago de Chile.
En una de ellas figura el general San Martín con orejas de burro, sentado sobre O`Higgins, otro burro uniformado, arreando a los "a los pueblos de Chile, tipificados como un rebaño de ovejas".
En este período de transición entre Virreinato y la República se satiriza la ambigüedad política y el doble discurso de cierta aristocracia criolla.
imageRamón Mujica
El poder político siempre se ha expresado como un lenguaje visual que ostenta los símbolos y emblemas del poder, el orden y la autoridad. El problema, agrega el autor, era que una caricatura podía desestabilizar a un gobierno.
Durante el virreinato peruano el potencial subversivo de la caricatura fue bien conocido por el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, tal como se desprende de La Gaceta de Lima del 6 de setiembre de 1761.
El segundo eje temático de este Catálogo lleva el título del libro. "Desafortunadamente, las colecciones de las BNP no están completas". Se trata de publicaciones marginales que en su día tuvieron una corta y agitada vida. Sus propios editores les cambiaban de nombre cuando corrían el riesgo de ser suspendidas o clausuradas por el Estado.
Por temor a represalias, los caricaturistas mantenían su total anonimato, bajo seudónimos. Una estampa muestra los latigazos que recibió el periodista chileno Rafael Vial, por ejercer su profesión libremente. Castilla, José Balta, Piérola y Cáceres, clausuraron imprentas y diarios, intimidaron a los caricaturistas y encarcelaron a sus directores.
En otra caricatura, en sus Aletazos de Murciélago (1866), Atanasio Fuentes visualiza al estado político del Perú como un gigantesco campo santo.
A lo largo del siglo XIX la función del periodismo no era exclusivamente la del diario noticioso. Este operaba como una "prensa doctrinal" que buscaba difundir su ideario teórico con pasquines políticos e imágenes contestarías.
Los diarios o semanarios humorísticos se presentaban como los portavoces de la "opinión pública", el máximo censor social del orden republicano, aunque en la práctica no era la opinión pública la que influía sobre la prensa, sino esta sobre aquella.
En la década de 1930, existían en las alamedas de Acho y Callao, representaciones pictóricas del "mundo al revés". En estas se mostraba a una res degollando a un carnicero, a un reo ahorcando a un juez, a un usurero haciendo obras de caridad y a un moribundo bendiciendo al médico.
El periódico pierolista El Leguito Fray José (1898) muestra al pensador anarquista peruano Manuel González Prada (1844-1918) como una mula que con sus extremidades traseras, patea la efigie de Cristo crucificado por encabeza a la "Liga de libre pensadores" que sostienen una bandera con el lema: "Abajo la religión, Abajo el gobierno, Abajo los obreros, Viva el Diablo".
En el cuarto y último eje temático del Catálogo: El lugar de la memoria. La caricatura republicana ofrece un testimonio "visual" de la violencia política en el temprano Perú republicano. Esta registra "ejecuciones extrajudiciales, violaciones a los derechos más elementales de la ciudadanía, masacres en pequeña y gran escala, fusilamientos, tensiones, desigualdades, procesos electorales truncos o fraudulentos.
Una caricatura alude a las polémicas ambivalentes decimonónicas sobre el libre ejercicio de la ciudadanía del indígena que antes de los sufragios es mostrado siendo sobornado por políticos inescrupulosos.
En El artista y su época, José Carlos Mariátegui, alude al arte de la caricatura como si esta fuera la reacción aleccionada de los artistas populares que se resistían a ingresar a un mercado de arte burgués, controlado por "peritos" y "tasadores". Estuviese o no Mariátegui en lo correcto –afirma Mujica- en el siglo XIX o inicios del XX la caricatura era lo más cercano a un "arte proletario" concebido como trinchera ideológica.
Una biblioteca cada siglo
Este detalle resulta interesante para el lector. En América Latina se construye una biblioteca nacional cada siglo. La nueva sede de la BNP, en el distrito limeño de San Borja, fue inaugurada en el 2006. Su vetusto local en el Centro Histórico, fue tomado por las fuerzas realistas, saqueado durante la Guerra del Pacífico e incendiado en 1943. Este no podía garantizar, como aludió premonitoriamente San Martin, «a la ilustración universal, más poderosa que nuestros ejércitos para sostener la independencia». La Biblioteca peruana era, junto con las de México y Río de Janeiro, una de las más ilustres de América.
Bueno es recordar que gracias a la presión de los medios de comunicación locales e internacionales, que acompañaron la Campaña del Sol, el presidente Alejandro Toledo, economista egresado de Harvard y Stanford, decidió facilitar los fondos para concluir las obras que gobiernos anteriores no le prestaron interés. Fue la gestión del académico Sinesio López, entonces director de la BNP, que con el respaldo de la Asociación de Amigos de la BNP .- AABNP, llegó a terminar la nueva infraestructura, menos vulnerable, para la delicada labor de los investigadores. Contra todas las críticas que abundan respecto al escaso apoyo del Estado a la cultura, los visitantes a las bibliotecas, empezando por la antigua sede en el Centro Histórico de Lima, va en aumento.
Un ansiado retorno. Después de diversas gestiones de la Cancillería Peruana y la propia BNP, el gobierno chileno en el 2007, devolvió oficialmente 3 mil 788 libros que salieron del país durante la Guerra del Pacífico, a fines del siglo XIX.
Si La Rebelión de los lápices es un indispensable documento para conocer la misma intolerancia política que dominó el siglo XIX y que continuó en el siglo siguiente, La Noche de los Lápices, utiliza el cine y se basa en el libro y obra teatral de María Seoane y Héctor Ruiz Nuñez, en 1986, para señalar los primeros meses de la última dictadura cívico-militar argentina.
Esa película denuncia la desaparición de siete adolescentes de la ciudad de La Plata que fueron secuestrados, torturados y asesinados por reclamar el boleto estudiantil para estudiantes. El film se centra más en la experiencia física y psicológica de los personajes que en el contexto político y social imperante en la dictadura. La película fue seleccionada en el Festival Internacional de Cine de Moscú de 1987. Todos los estudiantes asesinados y sus cadáveres desaparecieron. Pablo Díaz es liberado en 1980, luego trasladado al Poder Ejecutivo Nacional. Él fue uno de los sobrevivientes de la tragedia, y gracias a su testimonio dado en el Juicio de las Juntas en 1985, el guión de esta película pudo ser escrito y contada esta historia. El resto de sus 6 compañeros secuestrados el 16 de septiembre de 1976 continúan desaparecidos.
La rebelión de los lápices , publicado por el Fondo Editorial de la BNP, es un serio aporte a la literatura política del Perú, iniciativa que debiera proyectarse con más trabajos de esta misma envergadura del siglo XX y de la actualidad. Si bien la libertad de prensa es mayor que en el pasado, la dependencia económica de todos los medios de comunicación y el acceso relativo a la revolución tecnológica, limitan, deforman la realidad y al igual como en el siglo XIX, como lo sostiene Ramón Mujica, no recogen el sentir de la opinión pública sino que estos son la opinión pública.

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Recrearon la historia de la recuperación del mural de Siqueiros

CULTURA
Fuente: TELAM

Por Mora Cordeu
La historia de la recuperación del mural "Ejercicio plástico" de David Alfaro Siqueiros (1896-1974) fue recreada minuciosamente anoche en la Sala de Arte Público que lleva el nombre del famoso muralista con una presentación fotográfica y una mesa redonda integrada por especialistas y funcionarios argentinos y mexicanos.
La tarea binacional realizada por ambos países, para rescatar del abandono y el olvido la obra que permaneció por 17 años abandonada en cuatro contenedores, fue analizada anoche de manera exhaustiva, aunque un clima de emoción y de camaradería prevaleció sobre la cantidad de datos aportados en la charla.
"Es una gran alegría que todos conozcan lo que se ha hecho a partir de esa decisión política tan fuerte entre dos países de recuperar la cultura y en este caso un mural maravilloso. Nuestra presidenta Cristina Fernández de Kirchner cuando vino aquí como senadora asumió el compromiso de restaurar la obra", resumió la embajadora argentina en México, Patricia Vaca Narvaja.
"Cumplió su promesa con creces -subrayó- y también porque México nos ha acompañado y no podía ser de otra manera; nuestros pueblos históricamente han tenido lazos sociales políticos y culturales".
Ante un público que desbordó la capacidad del salón de conferencias, la directora de Asuntos Culturales de la Cancillería, Magdalena Faillace, y el ex agregado cultural de la embajada de México en la Argentina, Miguel Díaz Reinoso -uno de los promotores iniciales del rescate-, fueron los que plantearon desde la perspectiva de cada país el proceso de recupero que finalizó en diciembre último.
Con la visita del presidente mexicano, Felipe Calderón, quedó inaugurado el mural, detrás de la Casa Rosada, en la vieja Aduana Taylor.
De la mesa redonda también participaron Gabriela Gil, directora del Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble del INVA y Cecilia Jaber Breceda que ocupa en la cancillería mexicana el mismo cargo que Faillace.
"Siqueiros nos convoca a los reencuentros, vinimos a compartir hallazgos y avatares en la búsqueda del mural, búsqueda llena de intenciones, pero también de decepciones", apuntó Díaz Reinoso, uno de los tantos que pensó en una leyenda cuando le hablaron por primera vez de esta obra.
"Cuando nos enteramos que había un complejo litigio legal dijimos el mural si existe. A principios del 2000 por notas de prensa se fue integrando un nuevo expediente para documentar su existencia y actualizar la información", recordó.
Más adelante, Faillace se remontó a la tarea comenzada en 2003 cuando fue nombrada subscretaria de Cultura y "el tema del mural se había convertido en una obsesión".
"Lo fui a ver al entonces presidente Néstor Kirchner y le dije que aunque no supiéramos el estado en que estaba había que declararlo patrimonio histórico cultural de la Nación y en noviembre de ese año salió el decreto y el mural comenzó así una etapa judicial protegido por la ley 12665, de nuestro patrimonio".
Poco a poco, continuó Díaz Reinoso, el mural fue recobrando una imagen de lo que significaba, "era como armar un rompecabezas".
¿Qué era ese mural de leyenda, en el que se mezclaban historias de amores y pasiones y muchas rarezas para la historia del muralismo como lo conocíamos hasta ese momento?, inquirió.
"Siqueiros en 1933 en el sótano de la residencia de campo de Natalio Botana, director del diario Crítica, se concentró no en motivos revolucionarios, sino en el análisis de los problemas visuales y de la relación del arte con la tecnología -explicó-.
Diseñó una nueva forma de percepción más ligada al cine, creó una obra con pocos antecedentes".
Lo había realizado con otros artistas en una obra colectiva, toda una novedad y nombró a Berni, Spilimbergo y a Castagnino.
"Este último volvió a ver el mural para limpiarlo y años después fue el principal orador en la conferencia por la libertad de Siqueiros, sentenciado en México a ocho años de prisión".
"A México llegaron las noticias en 2009 de la expropiación, símbolo del bicentenario de la independencia. Hace apenas un mes tuve la oportunidad de estar en Buenos Aires y fui a ver el mural: verlo es una experiencia absolutamente recomendable: están los colores y la textura, la entrada tal cual estaba en la finca, se respira el ambiente propiciado por Siqueiros", describió Díaz Reinoso.
Una caja de cristal, "en la que el muralista plasmó figuras que parecen flotar en el interior del muro, más que en su propia superficie".
El mural, analizó Díaz Reinoso se convirtió en una lucha por el patrimonio artístico pero también en un bien simbólico: mexicano, argentino y latinoamericano. Hoy la Argentina nos devuelve la oportunidad de ver el mural vivo, recuperado, como nuestro patrimonio compartido".
"Esto se debe a periodistas, investigadores, diplomáticos, gestores, pero especialmente se debe, sin duda, a Cristina Kirchner. Me parece que es elemental este reconocimiento", manifestó.
"Cristina asumió la tarea del rescate como una cruzada binacional", remató ante los aplausos del público.

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