miércoles, 18 de mayo de 2016

Yamila Sevilla, investigadora del Conicet y especialista en neurociencias del lenguaje

Lo que el cerebro pone en juego cuando la persona construye una oración

Los actos del habla no son tan espontáneos como parecen. Por el contrario, representan el resultado de una compleja red de fenómenos que acontecen en las insondables rutas del cerebro. La especialista investiga cómo se mide el esfuerzo mental que realizan las personas cuando construyen una oración.

Por Pablo Esteban
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Yamila Sevilla es doctora en Letras por la UBA y forma parte del Instituto de Lingüística de esa institución.
Los humanos se diferencian del resto de los seres vivos por su capacidad para construir culturas, definidas como instituciones colectivas que emergen como productos dinámicos (vale la contradicción) de las prácticas sociales. No existe proceso de socialización que carezca de intersubjetividad e intercomunicación. Así, se formulan lenguajes para expresar pensamientos y materializar sentimientos por medio de la palabra.
La lingüística, en este marco, se ubica como el estudio científico que analiza tanto la estructura de las lenguas naturales así como también sus evoluciones históricas y el conocimiento que los hablantes generan respecto a ellas. Desde aquí, una premisa sobrevuela el campo y, de vez en tanto, se estaciona para causar alguna molestia entre los especialistas: los actos de habla no son tan espontáneos como aparentan y, en general, poseen un alto grado de planificación. ¿Qué sucede en el cerebro cuando las personas se disponen a armar una oración? ¿Cuánto cuesta hablar? ¿Qué relaciones se tejen entre los procesos léxicos y los mecanismos sintácticos?
Yamila Sevilla es doctora en Letras por la Universidad de Buenos Aires y forma parte del Instituto de Lingüística de esa institución. Aquí, describe de qué modo sus investigaciones se inscriben en la línea denominada neurociencias del lenguaje, explica qué sucede en el cerebro cuando las personas se disponen a enunciar un discurso y, por último, comparte los detalles sobre cómo actúa la mente cuando los individuos construyen de forma errónea una oración.
–Usted es doctora en Letras, ¿qué le interesa de la lingüística?–La lingüística, definida de modo general, se preocupa por el estudio de los lenguajes humanos y las lenguas. En esta línea, como el lenguaje representa un objeto muy extenso, están quienes trabajan con los aspectos más biológicos y por otra parte, los que se interesan por los componentes sociales y contextuales.
–Por el enfoque de sus investigaciones, imagino que trabaja con los aspectos más biológicos…–Sí, claro. Nos interesa un campo que se define como neurociencias del lenguaje. Cuando recién comenzaba a estudiar leí algo de Noam Chomsky que me llamó muchísimo la atención. En una conferencia, el lingüista estadounidense explicaba que “el lenguaje, en gran medida, es como es porque los seres humanos estamos hechos como estamos hechos”. Con esta frase, una idea se encontraba subyacente y es que existen una serie de restricciones propias del organismo que hacen que las lenguas se desarrollen del modo en que lo hacen y no de otro. Desde aquí, la diversidad lingüística es mucho menor de lo que una podría suponer porque depende del conjunto de condicionamientos que el “hardware” le impone. Si bien por intermedio de un ejercicio intuitivo podríamos afirmar lo contrario, la realidad es que las lenguas exhiben muchas más semejanzas de las que a priori creemos.
–Me gustaría que avanzara más en este punto, ¿puede brindarme algún ejemplo?–Perfecto. El mismo Chomsky decía que una persona puede observar una paloma y analizarla tanto hasta extraerle todas sus características y, luego, escoger otra paloma y comenzar a marcar todas las diferencias que separan a la primera de la segunda. Pero, del mismo modo, también es posible mirar los dos ejemplares juntos y tratar de comprender y describir qué es lo que, efectivamente, identifica a las dos como palomas. En esta línea es que realiza un estudio del lenguaje formalizado y no empírico.
–Comprendo el enfoque de Chomsky, pero ¿en qué se relaciona con su trabajo?–Como lingüista me preocupa más lo que tienen las lenguas en común que aquello que las distingue. Sin embargo, lo que busco es realizar un análisis de tipo experimental con el objetivo de conocer qué ocurre en el cerebro cuando los seres humanos activamos la lengua. El objetivo es armar un modelo empírico que converja con ese esquema abstracto que él planteaba.
–Antes, usted señalaba la existencia de ciertos condicionamientos que restringen el lenguaje, ¿a qué se refería?–Existen varios. Para citar un ejemplo, los seres humanos cuentan con una memoria limitada y ello repercute en sus capacidades para expresar una o varias oraciones determinadas.
–Entiendo que la memoria sea limitada, pero ¿cómo repercute ello en el lenguaje?–La memoria puede definirse como un espacio cuyo objetivo es administrar una cierta cantidad de información que las personas son capaces de procesar. Para decirlo al menos de modo metafórico, podemos afirmar que es restringida en tiempo y en espacio. El ser humano tiene la habilidad para operar siete piezas de información fonológica.
–¿Qué quiere decir?–Que las personas, en general, no son capaces de recordar grandes series de números u oraciones. Nuestro cerebro tiende a “empaquetar” segmentos informativos para poder manejarlos.
–¿Y qué ocurre con aquellas personas que tienen la capacidad de recordar centenas y centenas de números y palabras y expresarlas en orden sin ningún problema?–Es muy probable que desarrollen alguna estrategia de empaquetamiento para administrar la información que les quede cómodo. La verdad es que no sé si en casos tan puntuales realizan segmentos informativos de siete piezas, pero seguro que lo hacen de alguna manera con el objetivo de reducir las series hasta hacerlas susceptibles de ser manejadas por sus sistemas cognitivos.
–Su investigación se propone analizar qué sucede en el cerebro cuando los seres humanos se disponen a armar una oración en un acto de habla. Entonces, le pregunto, ¿qué sucede?–Existen tres niveles de interés: uno relacionado con la conducta lingüística, otro que se vincula con el sistema cuando opera psicológicamente y, por último, también es posible observar de qué modo trabajan las células cuando nos disponemos a hablar. En este escenario, el plano psicológico es el que más nos interesa. Para ello, buscamos construir un modelo de procesamiento en tiempo real que nos permita comprender qué actividades realiza la mente para que los seres humanos puedan producir una oración. Normalmente, cuando las personas hablan, una parte de lo que expresan está planificado antes de que comiencen a hablar pero la otra parte surge sobre la marcha.
–Explíqueme un poco más al respecto…–Cuando un individuo desea emitir un mensaje debe soltar sonidos que transcurren en el tiempo y se deben organizar uno tras otro, en un marco de respeto de las reglas gramaticales. La discusión, entonces, es si los seres humanos poseen un plan sintáctico predeterminado –es decir, si cuando comienzan a hablar ya conocen de antemano los significados de las palabras y sólo deben expresarlas del modo correcto– o bien, si el proceso resulta un tanto más espontáneo y flexible, esto es, si conforme habla selecciona palabras y las concatena.
–¿Qué ocurre en la mente cuando las personas construyen de modo erróneo una oración?–Básicamente, que la planificación salió mal. Las personas contamos con una especie de sistema de monitoreo que hace que los productos lingüísticos erróneos se suspendan en los distintos niveles y el proceso se corrija. En muchos casos, cuando empezamos a hablar antes de tener el plan completo puede suceder que el monitor anuncie una falla (que indica una orden del tipo “por acá no se puede seguir”), porque efectivamente no podemos terminar de decir lo que queríamos tras arrancar del modo en que lo hicimos.
–En concreto, ¿cómo investigan el modo en que se construyen las oraciones?–En nuestros ejercicios experimentales les solicitamos a los voluntarios que describan imágenes que se proyectan en televisores para analizar las formas en que expresan las oraciones de acuerdo a los estímulos. Por ejemplo, hay una muy graciosa que exhibe cómo un cerdo le pega a un gato. Como primera reacción, la persona describe la situación mediante la frase: “el cerdo le pega al gato”. Ahora bien, en un segundo nivel, intercalamos palabras subliminales que quedan registradas en sus mentes. En este sentido si, por caso, no- sotros exponemos “gato” en el instante previo a que se proyecte la imagen, la palabra queda “activada”, y es muy probable que los individuos tiendan a construir la oración de un modo distinto a cómo ocurrió en el primer caso.
–Ello trastrueca la planificación…–Exacto. El sistema descarta aquello que tiene más a mano para liberar recursos que le permitan continuar con su funcionamiento normal. Entonces, el individuo expresa la oración de este modo: “al gato lo golpea el chancho”, o bien utiliza la forma pasiva: “el gato fue golpeado por el chancho”.
–Cuando se modifica el plan, ¿el costo cognitivo aumenta?–Exacto. El costo cognitivo es el esfuerzo mental, es decir, consiste en aquellos procesos que involucran el trabajo de un mayor número de neuronas. Esto es útil, por ejemplo, cuando se analiza la complejidad sintáctica de una oración determinada. Si bien sabemos que cuando una palabra es menos frecuente es más difícil de recuperar y cuando es más corriente el mecanismo es más simple, contamos con mucho menos conocimiento respecto al modo en que se concatenan las palabras y cómo se produce ese orden lineal plasmado en las oraciones. La teoría lingüística conserva una buena explicación acerca de qué ocurre, pero lo que falta es probarlo a partir de la experiencia para que todo el bagaje teórico no se estacione en el nivel especulativo.
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Recrearon la historia de la recuperación del mural de Siqueiros

CULTURA
Fuente: TELAM

Por Mora Cordeu
La historia de la recuperación del mural "Ejercicio plástico" de David Alfaro Siqueiros (1896-1974) fue recreada minuciosamente anoche en la Sala de Arte Público que lleva el nombre del famoso muralista con una presentación fotográfica y una mesa redonda integrada por especialistas y funcionarios argentinos y mexicanos.
La tarea binacional realizada por ambos países, para rescatar del abandono y el olvido la obra que permaneció por 17 años abandonada en cuatro contenedores, fue analizada anoche de manera exhaustiva, aunque un clima de emoción y de camaradería prevaleció sobre la cantidad de datos aportados en la charla.
"Es una gran alegría que todos conozcan lo que se ha hecho a partir de esa decisión política tan fuerte entre dos países de recuperar la cultura y en este caso un mural maravilloso. Nuestra presidenta Cristina Fernández de Kirchner cuando vino aquí como senadora asumió el compromiso de restaurar la obra", resumió la embajadora argentina en México, Patricia Vaca Narvaja.
"Cumplió su promesa con creces -subrayó- y también porque México nos ha acompañado y no podía ser de otra manera; nuestros pueblos históricamente han tenido lazos sociales políticos y culturales".
Ante un público que desbordó la capacidad del salón de conferencias, la directora de Asuntos Culturales de la Cancillería, Magdalena Faillace, y el ex agregado cultural de la embajada de México en la Argentina, Miguel Díaz Reinoso -uno de los promotores iniciales del rescate-, fueron los que plantearon desde la perspectiva de cada país el proceso de recupero que finalizó en diciembre último.
Con la visita del presidente mexicano, Felipe Calderón, quedó inaugurado el mural, detrás de la Casa Rosada, en la vieja Aduana Taylor.
De la mesa redonda también participaron Gabriela Gil, directora del Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble del INVA y Cecilia Jaber Breceda que ocupa en la cancillería mexicana el mismo cargo que Faillace.
"Siqueiros nos convoca a los reencuentros, vinimos a compartir hallazgos y avatares en la búsqueda del mural, búsqueda llena de intenciones, pero también de decepciones", apuntó Díaz Reinoso, uno de los tantos que pensó en una leyenda cuando le hablaron por primera vez de esta obra.
"Cuando nos enteramos que había un complejo litigio legal dijimos el mural si existe. A principios del 2000 por notas de prensa se fue integrando un nuevo expediente para documentar su existencia y actualizar la información", recordó.
Más adelante, Faillace se remontó a la tarea comenzada en 2003 cuando fue nombrada subscretaria de Cultura y "el tema del mural se había convertido en una obsesión".
"Lo fui a ver al entonces presidente Néstor Kirchner y le dije que aunque no supiéramos el estado en que estaba había que declararlo patrimonio histórico cultural de la Nación y en noviembre de ese año salió el decreto y el mural comenzó así una etapa judicial protegido por la ley 12665, de nuestro patrimonio".
Poco a poco, continuó Díaz Reinoso, el mural fue recobrando una imagen de lo que significaba, "era como armar un rompecabezas".
¿Qué era ese mural de leyenda, en el que se mezclaban historias de amores y pasiones y muchas rarezas para la historia del muralismo como lo conocíamos hasta ese momento?, inquirió.
"Siqueiros en 1933 en el sótano de la residencia de campo de Natalio Botana, director del diario Crítica, se concentró no en motivos revolucionarios, sino en el análisis de los problemas visuales y de la relación del arte con la tecnología -explicó-.
Diseñó una nueva forma de percepción más ligada al cine, creó una obra con pocos antecedentes".
Lo había realizado con otros artistas en una obra colectiva, toda una novedad y nombró a Berni, Spilimbergo y a Castagnino.
"Este último volvió a ver el mural para limpiarlo y años después fue el principal orador en la conferencia por la libertad de Siqueiros, sentenciado en México a ocho años de prisión".
"A México llegaron las noticias en 2009 de la expropiación, símbolo del bicentenario de la independencia. Hace apenas un mes tuve la oportunidad de estar en Buenos Aires y fui a ver el mural: verlo es una experiencia absolutamente recomendable: están los colores y la textura, la entrada tal cual estaba en la finca, se respira el ambiente propiciado por Siqueiros", describió Díaz Reinoso.
Una caja de cristal, "en la que el muralista plasmó figuras que parecen flotar en el interior del muro, más que en su propia superficie".
El mural, analizó Díaz Reinoso se convirtió en una lucha por el patrimonio artístico pero también en un bien simbólico: mexicano, argentino y latinoamericano. Hoy la Argentina nos devuelve la oportunidad de ver el mural vivo, recuperado, como nuestro patrimonio compartido".
"Esto se debe a periodistas, investigadores, diplomáticos, gestores, pero especialmente se debe, sin duda, a Cristina Kirchner. Me parece que es elemental este reconocimiento", manifestó.
"Cristina asumió la tarea del rescate como una cruzada binacional", remató ante los aplausos del público.

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