lunes, 24 de septiembre de 2012


Destruir libros: una política editorial que genera polémica

Autores y editores analizan las razones y expresan sus críticas al procedimiento editorial de eliminar ejemplares no vendidos. Los escritores opinan que deberían donarse o ir a mesa de saldos.

POR GISELA ANTONUCCIO - Especial para Clarín

Si la palabra es como un río que fluye al resguardo de dos orillas, la memoria y la imaginación –como escribió el mexicano Carlos Fuentes–, la destrucción de libros a lo largo de la historia ha amenazado con la extinción de porciones de identidad.
En 1933, Adolf Hitler pretendía que los alemanes leyeran sólo suMein Kampf y mandó incendiar libros de Albert Einstein, Jack London, H. G. Wells, entre otros. Durante la dictadura argentina, la quema de libros representó un verdadero genocidio cultural, que se sumó a la desaparición de escritores.
Los motivos y contextos han cambiado pero no sus efectos. En los próximos meses, cientos de libros de ficción serán destruidos en la Argentina porque su comercialización dejó de ser negocio. Anualmente millones de libros siguen ese camino y desaparecen así las obras de gran cantidad de autores.
En la mayoría de las democracias occidentales, la eliminación de textos responde a razones de mercado, a esa necesidad capitalista de una “organización racional” entre la producción y lo obtenido. Se trata de la “corrección” de un mal cálculo y de los límites de la física, que profundizan la sospecha de que el concepto de archivo es una utopía; ¿cómo albergar todos los libros del mundo, para recuperar en el futuro una porción del pasado?
La destrucción de libros es la instancia a la que recurrirá en los próximos meses el Grupo Norma, que dejará de comercializar el género de ficción, por lo que se desprenderá del remanente de títulos de esa categoría, algo que ya hizo en España. Antes, los autores tendrán la posibilidad de comprar sus propios libros en stock.
“No es rentable donarlos, representaría una gran cantidad de trabajo y de dinero. Es más barato destruirlos”, dice Pere Sureda, quien era el responsable de la colección La Otra Orilla de esa editorial en España. Sureda, ya desvinculado de Norma, calcula que “un millón de libros fueron destruidos el año pasado”, entre los que figuran autores como los argentinos Marcelo Cohen y Marcelo Birmajer y la nicaragüense Gioconda Belli.
Es una práctica que a la industria le resulta “pulcra” ya que “cuando un libro se salda, se ‘carga’ la imagen de un escritor”, que queda asociado así a un fracaso, dice Sureda.
La destrucción de un título también puede resultar conveniente para un editor cuando incorpora a un autor a su catálogo y decide reeditar un libro: de otra manera, la nueva edición debe luchar contra aquellos libros del sello anterior que estén circulando como saldo, a un precio más barato, explica Sureda. “Un nuevo editor quiere mercado y que no haya ‘restos’ que deterioren la imagen de su autor”, asegura desde España, en conversación con Clarín .
A veces, la destrucción del libro es pedida por el mismo autor por contrato, revela Ana María Shua, “para no hacer público que no se vendió”. Es, además, la consecuencia de una política de marketing de libros que lleva a imprimir mucho.
“Las editoriales lo necesitan para que funcione el negocio: mantener cierto espacio en las librerías y ver si la pegan con uno. Las novedades siempre venden más”, dice la autora deLos amores de Laurita . Así, “unos libros van tapando a otros y es imposible tenerlos en exhibición. Y pasan a estantes de depósitos, otros a saldos y luego mueren”, enumera. La práctica, con matices, se replica en otros países, cuenta: “En Suecia, desde hace quince años, se reciclan como pasta de papel. En Estados Unidos, los de bolsillo, no son devueltos por el librero (por el costo del transporte), y se les arrancan las tapas”, para que no puedan venderse.
El almacenamiento de libros requiere de logística, dice Pablo Avelluto, director editorial de Random House Mondadori. “Las herramientas informáticas juegan un rol decisivo. No alcanza con el uso racional del espacio, hay que mantener información precisa sobre ubicaciones y cantidades en stock”, cuenta. Y pone como ejemplo el depósito de la editorial: “El límite de capacidad está en relación directa con la venta y la producción de novedades y reimpresiones”. Debe haber “una ecuación estable”, explica, entre la venta, los libros en consignación en las librerías y los libros que se producen año a año.
Si algún libro se debe destruir, se lo hace “labrando un acta ante un escribano público”. “Si el autor dispone otro destino, se tiene en cuenta”, dice Avelluto, puntualizando las prácticas de RHM. “Los contratos de edición prevén distintas alternativas para el momento en que la editorial deja de tener los derechos para comercializar un libro: la venta con reducción de precio de stocks remanentes, previo acuerdo del autor; la definición de un período de liquidación de stock hasta la publicación por parte de otro editor; la destrucción o la compra a bajo precio por parte del autor de ejemplares remanentes de su libro o donaciones”, enumera.
La destrucción de libros es un tema que en general las editoriales prefieren esquivar. Entre las excepciones está Daniel Divinsky, fundador de De la Flor, que logró conservar la independencia de su sello en un mundo de fusiones y globalizaciones.
“Creo, sin jactancia, que De la Flor debe ser la única editorial que en 45 años nunca ha destruido libros no vendidos”, dice Divinsky. Hay una convicción detrás de esa política: “Aun los títulos más antiguos terminan por encontrar su comprador”. El primer título de la editorial, Buenos Aires, de la fundación a la angustia , que apareció en 1967, terminó vendiéndose a un peso el ejemplar en la Feria de 2007, cuenta. “ Pomelo , un libro de haikus de Yoko Ono, con prólogo de Lennon, se saldó a cinco pesos hace tres años”. De la Flor, cuenta Divinsky, previo permiso de los autores, suele donar ejemplares a bibliotecas y escuelas (“alguien los leerá”). “Pienso que la trituradora de papel es un triste destino que los libros no deben tener”, cree.
Quizás porque narrar y conocer tienen la misma raíz, gna, (en sánscrito, conocer), es que la necesidad de crear historias será ajena siempre a toda ecuación ganancial. Para que la realidad tenga alguien que se atreva a serle infiel –tal la esencia de todo relato–, pero también para narrarnos a nosotros mismos.

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Recrearon la historia de la recuperación del mural de Siqueiros

CULTURA
Fuente: TELAM

Por Mora Cordeu
La historia de la recuperación del mural "Ejercicio plástico" de David Alfaro Siqueiros (1896-1974) fue recreada minuciosamente anoche en la Sala de Arte Público que lleva el nombre del famoso muralista con una presentación fotográfica y una mesa redonda integrada por especialistas y funcionarios argentinos y mexicanos.
La tarea binacional realizada por ambos países, para rescatar del abandono y el olvido la obra que permaneció por 17 años abandonada en cuatro contenedores, fue analizada anoche de manera exhaustiva, aunque un clima de emoción y de camaradería prevaleció sobre la cantidad de datos aportados en la charla.
"Es una gran alegría que todos conozcan lo que se ha hecho a partir de esa decisión política tan fuerte entre dos países de recuperar la cultura y en este caso un mural maravilloso. Nuestra presidenta Cristina Fernández de Kirchner cuando vino aquí como senadora asumió el compromiso de restaurar la obra", resumió la embajadora argentina en México, Patricia Vaca Narvaja.
"Cumplió su promesa con creces -subrayó- y también porque México nos ha acompañado y no podía ser de otra manera; nuestros pueblos históricamente han tenido lazos sociales políticos y culturales".
Ante un público que desbordó la capacidad del salón de conferencias, la directora de Asuntos Culturales de la Cancillería, Magdalena Faillace, y el ex agregado cultural de la embajada de México en la Argentina, Miguel Díaz Reinoso -uno de los promotores iniciales del rescate-, fueron los que plantearon desde la perspectiva de cada país el proceso de recupero que finalizó en diciembre último.
Con la visita del presidente mexicano, Felipe Calderón, quedó inaugurado el mural, detrás de la Casa Rosada, en la vieja Aduana Taylor.
De la mesa redonda también participaron Gabriela Gil, directora del Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble del INVA y Cecilia Jaber Breceda que ocupa en la cancillería mexicana el mismo cargo que Faillace.
"Siqueiros nos convoca a los reencuentros, vinimos a compartir hallazgos y avatares en la búsqueda del mural, búsqueda llena de intenciones, pero también de decepciones", apuntó Díaz Reinoso, uno de los tantos que pensó en una leyenda cuando le hablaron por primera vez de esta obra.
"Cuando nos enteramos que había un complejo litigio legal dijimos el mural si existe. A principios del 2000 por notas de prensa se fue integrando un nuevo expediente para documentar su existencia y actualizar la información", recordó.
Más adelante, Faillace se remontó a la tarea comenzada en 2003 cuando fue nombrada subscretaria de Cultura y "el tema del mural se había convertido en una obsesión".
"Lo fui a ver al entonces presidente Néstor Kirchner y le dije que aunque no supiéramos el estado en que estaba había que declararlo patrimonio histórico cultural de la Nación y en noviembre de ese año salió el decreto y el mural comenzó así una etapa judicial protegido por la ley 12665, de nuestro patrimonio".
Poco a poco, continuó Díaz Reinoso, el mural fue recobrando una imagen de lo que significaba, "era como armar un rompecabezas".
¿Qué era ese mural de leyenda, en el que se mezclaban historias de amores y pasiones y muchas rarezas para la historia del muralismo como lo conocíamos hasta ese momento?, inquirió.
"Siqueiros en 1933 en el sótano de la residencia de campo de Natalio Botana, director del diario Crítica, se concentró no en motivos revolucionarios, sino en el análisis de los problemas visuales y de la relación del arte con la tecnología -explicó-.
Diseñó una nueva forma de percepción más ligada al cine, creó una obra con pocos antecedentes".
Lo había realizado con otros artistas en una obra colectiva, toda una novedad y nombró a Berni, Spilimbergo y a Castagnino.
"Este último volvió a ver el mural para limpiarlo y años después fue el principal orador en la conferencia por la libertad de Siqueiros, sentenciado en México a ocho años de prisión".
"A México llegaron las noticias en 2009 de la expropiación, símbolo del bicentenario de la independencia. Hace apenas un mes tuve la oportunidad de estar en Buenos Aires y fui a ver el mural: verlo es una experiencia absolutamente recomendable: están los colores y la textura, la entrada tal cual estaba en la finca, se respira el ambiente propiciado por Siqueiros", describió Díaz Reinoso.
Una caja de cristal, "en la que el muralista plasmó figuras que parecen flotar en el interior del muro, más que en su propia superficie".
El mural, analizó Díaz Reinoso se convirtió en una lucha por el patrimonio artístico pero también en un bien simbólico: mexicano, argentino y latinoamericano. Hoy la Argentina nos devuelve la oportunidad de ver el mural vivo, recuperado, como nuestro patrimonio compartido".
"Esto se debe a periodistas, investigadores, diplomáticos, gestores, pero especialmente se debe, sin duda, a Cristina Kirchner. Me parece que es elemental este reconocimiento", manifestó.
"Cristina asumió la tarea del rescate como una cruzada binacional", remató ante los aplausos del público.

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